Se acerca el Día de la Mujer y a Pepa se le ha ido la cabeza. No sabía qué escribir. A quién rendir homenaje. ¡Y mira que hay propuestas! Porque, sólo por mencionar el mundo bodas, resulta que son legión las mujeres que inspiran –sí, el sector nupcial se escribe mayoritariamente en femenino–. Y si hablamos del aspecto personal, resulta que Pepa Málaga es el nombre que hemos elegido para rendir homenaje a las mujeres de nuestra familia –representadas en la bisabuela Pepa y su nombre categórico y rotundo–, así que… ¡había donde elegir!

Pero, precisamente para elegir bien, lo mejor es ir sobre seguro. Y si hablamos de mujer, de feminismo, de 8M y de todo lo que este Día de la Mujer significa, nada mejor que hacerlo con datos. Con rigor. Con evidencias. Y, claro, también con sentimientos. Y de todo ello habla Desplegando velas (Ed. Espasa), el primer libro de mi querida Cristina Villanueva.

Conocí a Cristina en mi otra vida, cuando yo era plumilla en laSexta y aún ni siquiera tenía una réflex que echarme al ojo. Por aquellos entonces yo quería ser escritora –y algo escribí– y, más que mirar tras la cámara, contaba lo que pasaba delante. Cristina presentó mis dos libros en Barcelona. Y yo fui feliz.

Pasaron unos años y cientos de ediciones de laSexta Noticias y mi vida dio el giro que me trajo hasta Pepa Málaga. Fue entonces cuando conocí mejor a una mujer a la que admiraba como periodista y que me llegaría al corazón también como persona. Que se convertiría en mi amiga.

Desplegando velas era el gran sueño de Cristina. Lo que no imaginé es que, de algún modo, también formaría parte de mis ilusiones. Porque Cristina no sólo me encargó que escribiese su glosario, sino que, además, confió en mí para las fotos de autor. ¡Y sé bien lo que la solapa de un libro significa para su autor!

Al poco de publicarse el libro, entrevisté a Cristina. Y aquí van sus reflexiones. Sobre el libro, sobre las velas, sobre lamerse las heridas, sobre qué significa ser feminista… y sobre cómo navegar en un mar donde los vientos no son siempre propicios.

Cristina Villanueva fotos corporativas © Pepa Malaga Fotografia

‘Desplegando velas’, lectura imprescindible en el Día de la Mujer

Nadie diría al verla cada fin de semana conduciendo los informativos de laSexta que Cristina Villanueva se siente atascada. O impostora. O, simplemente, que a menudo no se siente. Pero lo confiesa. Y lo hace soltando lastre en su primer libro, Desplegando velas (Ed. Espasa), toda una carta de navegación por lo que los sociólogos califican como «la cuarta ola del feminismo». Nada de revanchas: tan solo la lógica aplastante de la convivencia en igualdad de oportunidades.

 

–¿Cómo surge el libro de tu debut literario, Desplegando velas?

–Surge de una crisis personal y profesional. Una sensación de estar atascada y de fracaso que lo envuelve todo a pesar de la imagen idealizada del éxito que se transmite en televisión. Es como si de repente no tuviera más metas que alcanzar o, simplemente, fueran irrealizables. No comprendía cómo, repentinamente, se hacía tan difícil seguir luchando y trabajando por las nuevas metas… ¿Era yo? ¿No estaba suficientemente preparada? ¿Era vanidosa y quería alcanzar metas que no me correspondían? En Desplegando velas emprendo un viaje hacia el conocimiento de esas respuestas que para nada tienen que ver conmigo, sino con las etiquetas inconscientes que nos limitan por el simple hecho de ser mujer. Y sólo poner nombres y hacer conscientes esas limitaciones es liberador.

 

–Es curioso cómo una mujer que transmite la imagen de éxito se desnuda confesando sentirse ‘atascada’. ¿Nos da miedo a las mujeres confesar que bajo el traje de superwoman se esconden frustraciones?

–Nos da miedo sobre todo porque a nuestra generación se nos enseñó que la igualdad de oportunidades estaba conseguida. Que nuestras madres lucharon por la inserción laboral y los derechos que el franquismo les había negado. Aceptar que estás atascada es aceptar que has fracasado. El problema es que la igualdad de oportunidades no es real. Por eso aceptar que estás atascada es aceptar que aún tenemos mucho que visibilizar de la desigualdad de la mujer, incluso en nuestra sociedad de mundo occidental, rico y de cumplimiento de derechos humanos.

Cristina Villanueva fotos corporativas © Pepa Malaga Fotografia

Un atasco transversal

–En tu libro exploras la situación de la mujer con mujeres pioneras y destacadas en sus sectores. ¿El sentimiento de atasco es transversal en edades y profesiones?

–Ese es un gran hallazgo. La sensación de atasco no tiene por qué englobar toda la esfera de la persona, como fue mi caso, pero sí que encontramos sensaciones compartidas. Como tener que levantar la mano para que se te escuche y dar un golpe en la mesa para recordar que estás ahí, que tu opinión es igual de valiosa, o sacarle los colores a los hombres que mandan. También es compartido por numerosas mujeres el síndrome del impostor: una sensación de fraude, de que no mereces la posición alcanzada o que te faltan méritos. Hay una sensación de culpa constante que no nos deja avanzar, como si tuvieras que pedir perdón por tener sueños ambiciosos como los hombres. Y sobre todo lo que sienten numerosas mujeres: esa necesidad de trabajar el triple que un hombre para que tu valía sea reconocida, el suelo pegajoso.

 

–¿Cuál ha sido la confesión que más te ha marcado?

–Hay varias. Algunas muy personales, como la historia de Icíar Bollaín, cineasta, que recibió un honoris causa en Reino Unido y no lo compartió con nadie, ni siquiera se lo comunicó a su madre, por un claro síndrome del impostor. O la sentencia clara cuando una de mis mujeres me dice: «Los hombres no están dispuestos a abrir hueco» (en referencia a los puestos de alta dirección) Y pensé: «¡Qué razón tiene!». Tan crudo y tan sencillo como eso.

Cristina Villanueva fotos corporativas © Pepa Malaga Fotografia

Hombres feministas

–Hablas de «hombres feministas». ¿Es precisamente ese concepto lo que diferencia la cuarta ola del feminismo?

–Creo que podemos hablar de cuarta ola feminista porque hay un cambio de relato, de visibilizar los micromachismos y de poner el feminismo en la agenda social. Está en las manifestaciones del 8 de marzo, pero también contra sentencias como la de La Manada, está en las escuelas y en las casas. Por fin lo impregna todo para contrarrestar un machismo que también lo impregna todo. Y por eso la diferencia también está en que hay hombres dispuestos a escuchar y a entender la importancia del cambio global. Y por tanto hay políticos a propiciar ese cambio legislando: un punto éste capital, también.

 

–En las últimas semanas aumenta la presencia en los medios de voces que claman por no perjudicar a los hombres con políticas de género. ¿Cuál es tu opinión al respecto?

–De lo que se trata es de que las políticas de género acaben con todo lo perjudicial para las mujeres. Hay muchas cosas que nos perjudican por el simple hecho de ser mujeres y que son invisibles, por lo que el daño es doble. Quienes crean que se trata de hacer política para perjudicar a los hombres es que tienen miedo. Miedo a perder poder, a tener que esforzarse más y a medir su talento con el talento femenino que ha estado oculto tantos años. Hombres que no están dispuestos a abrir el poder. Es más fácil competir con el 50% de la población; a nadie le gusta, de repente, duplicar el número de rivales. Ni más ni menos.

 

–Imagina a tus hijas con tu edad. ¿Crees que para entonces las velas se habrán desplegado del todo y la igualdad será un hecho?

–Creo que para entonces las mujeres seguirán en puerto deshaciendo los nudos de la driza, ese cabo con el que se iza la vela de los barcos… Pero al menos sabrán lo que ocurre. Que hay nudos, antes invisibles. Espero que sea la siguiente generación, la de nuestros nietos, la que ya no encuentre nudos y sea tan fácil como tirar de una cuerda para sentirse plena.

Dia de la Mujer Cristina Villanueva Pepa Malaga Fotografia
En la presentación de ‘Desplegando velas’, con mis queridas Cristina Villanueva e Isabel Aires. © Javier Arroyo