Nadie podía preverlo. Al menos no hasta hace unas semanas. Y sí, claro, hablo del COVID-19, de qué si no. 

Te preguntarás qué tiene que ver el coronavirus con la fotografía o con las bodas, más allá de que en Italia se hayan prohibido las bodas y que en España vayamos por el mismo camino: bodas civiles a puerta cerrada en Madrid y un montón de cancelaciones de bodas ya son una realidad.

Yo misma tenía un evento este sábado con Lalablu, wedding planners de referencia: con sensatez y profesionalidad han decidido cancelar el Desayuno Lalablu con el que cerraban la temporada. Y, aunque me hacía una ilusión tremenda participar como fotógrafa de bodas en él, lo cierto es que aplaudo su prudencia y responsabilidad. 

No te voy a negar que estoy preocupada. Preocupada y aturdida. Como tú, como casi todos, no sabemos qué nos espera. La única realidad es la incertidumbre y cuesta mucho vivir con ella al lado.

Te dirán que toca arrimarse a la positividad. Incluso puede que hayas leído esta reflexión –de lo más interesante– de la psicóloga italiana Francesca Morelli sobre cómo esta crisis del coronavirus es una manera de que el universo nos ponga en nuestro sitio.

Yo no voy a dar consejos sobre cómo afrontar esta situación. No soy quién.

Pero sí te digo que, ante la epidemia del miedo, el único antídoto es el amor.

Por amor hemos de ser responsables. Por amor a nosotros mismos y a quienes nos rodean.

Por amor hemos de pensar en el bien común. En que de esta, una vez más, saldremos juntos.

Y será el amor el que nos devuelva a los grandes momentos. Porque cuando sintamos que todo está oscuro, volveremos a las emociones que nos hicieron sentir más vivos. 

Sentiremos de nuevo el abrazo que se da con el alma. Seremos capaces de recibir un beso sin labios que lo depositen sobre nuestra piel. Notaremos el calor de una caricia que se regala con la mirada.

Tenemos tiempo. Ahora, incluso, mucho tiempo. Nos quedan por delante semanas –puede que meses– sin horas de atascos. Con días de 24 horas en los que nos da tiempo a vivir sin rogarle al cielo que se alarguen los minutos. Con más tiempo en casa. Con nuestra familia y nuestros recuerdos.

Y no sé a ti, pero a mí los recuerdos felices me hacen ser feliz. 

Y estos días pienso desempolvar los álbumes de cuando era pequeña, el álbum de mi boda, las fotos que mis amigas imprimieron por mi 40º cumpleaños para que nunca olvidase que siempre estarán conmigo. 

Voy a coger todos esos instantes entre mis manos y voy a volver a aquellos momentos. Y sé que esos momentos volverán. No sé cuándo, pero volverán. 

También para ti.

Hay luz. Puede que aquí dentro se esté oscuro, pero en algún momento se abrirán las puertas y sentirás otra vez el placer de vivir sin miedo.

 

**No quiero acabar este post sin dar las GRACIAS a todo el personal sanitario de nuestro país: su profesionalidad, su vocación y su capacidad de sacrificio vuelven a ser un ejemplo y un orgullo para todos.

 

***La foto que encabeza este post, que habla de luz, tenía que ser de la ciudad de la luz. De París. De uno de mis recuerdos más felices. Del símbolo mágico del amor. De la esperanza. De que siempre nos quedará París y todo lo bueno que queda por venir.