Lo siento. Se supone que siendo fotógrafa de bodas debería encantarme San Valentín. Y hacer promociones ad hoc y todas estas cosas. La realidad es que puede que el 14 de febrero me vista de rojo porque es mi color favorito –no porque esté enamorada o deje de estarlo– y también puede que me suba al rojo de labios porque me da chute de energía aunque tenga ojeras de mapache. 

Pero, oye, que si hay que celebrar San Valentín se celebra. Y dado que en Pepa Málaga Fotografía tenemos la suerte de haber sido los elegidos para realizar el reportaje de boda de una de las autoras más reconocidas de literatura romántica, ¿cómo no vamos a aprovechar la ocasión? Porque, sí, claro, puedo decirte que lo más guay del universo es que le regales a tu chico/chica una sesión de fotos en pareja para celebrar Día de los Enamorados. Pero he decidido no venir a vender mi moto y cambiarlo por el ‘momento Umbral’ de Silvia C. Carpallo. Con todos ustedes… literatura romántica para reencontrarse en pareja (San Valentín mediante).

 

Literatura romántica vs literatura erótica

–Antes de nada, una aclaración que considero fundamental: ¿a qué podemos llamar «literatura romántica» y de qué hablamos cuando decimos «literatura erótica»?

–Pues parece una pregunta sencilla, pero es muy difícil de contestar. He estado en debates más encendidos que los del Congreso de los Diputados para lograr a un acuerdo sobre estos conceptos. Lo que defiende la mayoría es que una novela romántica es aquella que se centra en narrar una historia de amor, y que suele cumplir un esquema de pareja que se conoce, surge un conflicto, pero al final siempre hay un final feliz (aunque qué es un final feliz es otro debate). Las distinguen por ejemplo de novelas sentimentales, que no siempre tienen un final feliz, o de la literatura erótica, en la que el centro no es la historia de amor en sí, sino una historia más bien sexual (que puede ser o no romántica). Lo que las une a todas es que los sentimientos son los protagonistas. 

Si esta es la teoría, en la práctica es muy difícil etiquetar por igual todas las historias de amor. Podríamos decir que es como el mundo de las bodas. Hay quien prefiere seguir unos cánones tradicionales y consideran que una boda debe cumplir ciertos requisitos, pero también hay quienes opinan que una boda depende de la historia de cada pareja, y apuestan por innovar y sorprender a sus invitados saltándose las normas. Todo depende de quién irá a tu boda, o a quién quieras contarle tu historia. 

Desde mi punto de vista, creo que el hecho de abrir el género, lo mismo que abrir la idea de ‘boda’, permite expresarse más libremente a cada uno y conectar con más cantidad de personas. Porque al final se trata de eso, de ser capaces de hacer que otras personas se sientan parte de nuestra historia de amor. 

San Valentin 2020 fotografa de bodas Madrid Pepa Malaga Fotografia

–Menciono «literatura romántica» y pienso en Corín Tellado; escribo «literatura erótica» y me viene a la cabeza 50 Sombras de Grey: ¿qué hay de moda y de marketing en el sector?

–Diría que el género vive un cambio generacional. De Corín Tellado a 50 Sombras hay cosas que siguen igual, pero otras muchas han cambiado. Antes la ‘novela rosa’ se nutría mucho de grandes autoras internacionales, y con 50 Sombras llegó el boom Megan Maxwell y su Pídeme lo que quieras en España, que abrió la puerta a muchas autoras españolas (Olivia Ardey, Noelia Amarillo, Noe Casado), que encajaron muy bien en esa línea de literatura erótica. Después llegó la pluma de Beta Coqueta, y con ella una nueva generación de autoras (Alice Kellen, Alexandra Roma, Elena Montagud) más jóvenes, que también han sabido conectar con un público, que antes no tenía interés por la novela romántica.

Para conseguir mantener el interés en este salto generacional, creo que el amor romántico ha dejado un poco atrás ciertos ideales pasados de moda, y ahora sabemos que amar con locura no implica ni mucho menos renunciar a ser una mujer libre y empoderada. Hemos pasado a un amor más millennial por así decirlo, que se ha adaptado a la mujer del s. XXI. 

 

El auge de la literatura erótica

–Como autora, ¿cómo crees que han evolucionado ambos géneros en los últimos años, con el auge en ventas y su difusión en redes sociales?

Después de 50 Sombras hubo un boom clarísimo de la literatura erótica, que se ha ido desinflando poco a poco, a favor de un auge de la literatura new adult o de una romántica más juvenil. Es verdad que el interés por autoras nacionales hizo que creciera mucho la oferta, sobre todo gracias a la posibilidad de autopublicar en plataformas como Amazon. Esto, como todo, ha traído sus cosas buenas y malas. Buenas porque muchas personas han tenido la oportunidad de compartir sus obras y, de hecho, ha servido como una plataforma para darse a conocer de muchas grandes autoras. Pero también se ha publicado tanta cantidad, y sin filtrar, que se ha saturado un poco el género, y en ocasiones desvirtuado. Como todo es un proceso que necesita tiempo para equilibrarse, y hay que quedarse con la parte positiva. 

Por otra parte, las redes han cambiado por completo la relación entre autor y lector. Mi sueño siempre fue escribir, pero nunca imaginé tener ese feedback tan directo de personas que te escriben no sólo desde España, sino desde otros países, contándote cómo les ha impactado o influido tu libro. No hay palabras para describir la emoción que supone eso. También se han creado más comunidades, blogs para compartir reseñas, e incluso entre las autoras, tenemos la capacidad de interactuar y compartir experiencias, ideas o consejos aunque no nos conozcamos físicamente. Pese a lo que pueda parecer, las redes han humanizado mucho el mundo de la literatura. 

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–Vamos con el ‘momento Umbral’: hablemos de tus libros. Tu última obra es Perdernos para encontrarnos. ¿Cuántas veces te has perdido en el amor hasta encontrarte?

–Por suerte o por desgracia, me he perdido más de una vez en un amor. Un amor de esos que crees épico y loco, pero que te consume hasta el punto de restarte más que sumarte. Sin embargo, sólo me he encontrado a mí misma en el amor una vez, en un amor de los que te hace sentir más fuerte, más capaz, más tú. En definitiva, en el que te sientes ‘más’ a través de los ojos de la otra persona. Obviamente ese es el amor al que le he dado todos los «Sí, quiero» de mi vida. Y es el amor que me inspiró este libro. 

 

«A todos nos viene bien aprender más sobre sexualidad»

–Pocos meses antes lanzabas Sexo para ser feliz. Tenemos más alcance que nunca a la información sobre salud sexual, pero, ¿realmente sabemos más que nunca?

–Tenemos mucha información, pero pocas herramientas para procesarla, y eso hace que acabemos más confusos que nunca. Volviendo al símil de las bodas, es como visitar muchos proveedores de golpe y no ser capaz de ver nada con claridad, y necesitar a alguien que te guíe en el proceso. Con el sexo pasa algo parecido. Vemos sexo en la publicidad, en el cine, ¡y en los libros, claro! Pero nos llegan mensajes contradictorios, no siempre contrastados, que mezclan ficción y realidad, y necesitamos tener una base para saber diferenciar. A falta de una educación sexual reglada, contar con libros de profesionales, u otros recursos como seguir el Instagram o el YouTube de una sexóloga, pueden ser herramientas muy útiles para centrar conceptos y evitar bulos. 

No solo para los jóvenes, que parece que después de los 18 años ya tenemos que saberlo todo. En un mundo en el que las relaciones y el sexo son tan cambiantes, y que marcan tanto el bienestar de nuestro día a día, a todos nos viene bien aprender un poco más sobre nuestra sexualidad, también para crecer e innovar en este ámbito de nuestra vida. 

–En Si el amor te dijo «no», pregúntale otra vez llevabas a tus lectores hasta Santorini para viajar por distintos de amor en las distintas etapas de la vida. ¿Cómo definirías en una palabra el amor a los 20, a los 30 y a los 40?

–A los 20 diría que descubrimiento, a los 30 estabilidad (o la búsqueda de la misma), y a los 40 diría que reinventar. Siempre hay un momento para volver a empezar, aunque sea con nuestra pareja de toda la vida. 

 

Una boda con libros

–¿Cómo soñó su boda esta autora de novela romántica?

–¡Con libros! Mi ahora marido también es escritor, y la literatura fue un tema que nos unió desde el principio. Nuestro amor por los libros era también parte de nuestra historia, y tenía que ser parte de nuestra boda. Queríamos que fuera nuestro cuento de hadas particular, y para eso buscamos un lugar que reflejase ese ambiente, pusimos pequeños detalles en la decoración relacionados o fabricados con libros, elegimos una frase de nuestros libros favoritos para cada mesa,  y regalamos a cada invitado un libro, que elegimos personalmente para cada uno de ellos, para que nada quedase al azar. A los invitados les gustó mucho que fuera algo tan ‘nosotros’, tan personal.

Si soy sincera, creo que desde los once años en mis novelas ya había descrito bodas, imaginando la mía propia, pero nunca pude imaginar lo inmensamente feliz que me iba a sentir ese día. Es amor en estado puro, no sólo por tu pareja, sino por todas y cada una de las personas que te acompañan, y queríamos devolverles un poco de ese amor. 

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–Los libros tuvieron mucho protagonismo en tu literary wedding. ¿Crees interesante leer novela romántica/erótica en pareja?

–Totalmente. Es una forma de compartir fantasías, de buscar intimidad y de reencontrarse. También de volver a engrasar la imaginación, porque la televisión nos enseña las historias, pero en los libros tenemos que imaginarlas. Eso nos ayuda a entrenar nuestra imaginación para muchas más cosas…

–¿Cuál es tu foto favorita de la boda?

–¡Esta es casi tan difícil como la primera pregunta! Me gustan tantas que es difícil elegir. Me gustan los posados, porque al final son esas fotos que te encanta enmarcar o subir a redes, pero sobre todo me gustan los miles de momentos que capta la cámara y que te hacen sentir que vuelves allí. Los abrazos, las sonrisas, gestos cómplices o incluso la luz del atardecer sobre la ceremonia y sobre nuestro precioso arco de flores con todos los invitados a nuestro alrededor. Es como volver una y otra vez.

Pero si tuviera que elegir, diría que hay una fotografía, medio posado, medio robado, en la que David me abraza y me besa por detrás y yo sonrío con un suspiro de felicidad, que fue totalmente real. Siento el amor en esa foto y eso es algo muy difícil de captar. Aunque, también he de decir que me encanta que me hagan fotos,  jajaja, y hay unas fotos de la posboda, corriendo por los arcos de El Retiro, en las que me siento más bonita y especial de lo que me he sentido nunca. Y eso también es parte de los recuerdos de lo que es ser «la novia». Y también me hacen volver a suspirar de felicidad. 

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–Si tuvieras que repetir, ¿qué «sí» buscarías otra vez y a qué dirías adiós con un «te quiero»?

–Creo que el «Sí» sería sin duda a David. Volviendo a la idea de los finales felices, la boda o el «Sí, quiero» de la pedida suelen ser ese final feliz. Pero creo que más que un final feliz, son un principio. La historia de amor llega cuando tienes que volver a decirte que sí cada día, a elegirte cada día, apostar por esa persona, y volver a comprometerte en cuidarle y quererle tras cada tropiezo y sube y baja de la vida. 

El «adiós» con un «te quiero», sería precisamente a las personas a las que quise dedicar ese libro. Un final feliz no es acabar con una persona que no te hace del todo feliz. Es saber apostar por ti en primer lugar, y aprender a decir adiós a lo que no te suma para avanzar, pero no hacerlo desde el rencor o el odio, sino desde el apreciar lo que esa persona, sea un amor, una amistad, o incluso un trabajo o una ciudad,  te aportó en su momento. Guardarle el amor que le tuviste, pero dejándolo marchar. Hay que dejar espacio para todo lo bueno que está por llegar.