Aunque los meses de bodas por excelencia son los de primavera y otoño, una boda de invierno es cada vez más frecuente. Las ventajas son muchas: la primera es que hay menos demanda, por lo que los proveedores tienen más disponibilidad y en muchos casos mejores precios. Pero, por otro lado, las bodas de invierno tienen un punto de romanticismo extra y permiten a las novias lucir complementos que en otras épocas del año resultan inviables, como capas, boleros o pieles.

Es el caso de la boda de Cristina y Alberto, una boda de invierno que hoy traigo a este blog para que os sirva de inspiración.
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